–“Pinta tu aldea y serás universal”…
–Bueno, ése es más bien todo el trabajo literario, ¿no? Pintar la propia aldea. Claro que esa aldea de que hablaba Tolstoi no es sólo un lugar geográfico: es también la aldea de los sentimientos, de la imaginación, de los sueños. De alguna manera, es la única cosa que más o menos sabe hacer un escritor. Lo que no significa que siempre lo consiga…
–Usted está pensando en un ejemplo concreto.
–Estoy pensando en Borges. ¿Vos te acordás de cómo empieza “El Aleph”? Empieza así: “La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios” (...) Muy bien. Pero se murió una mujer. Todavía no lo sabemos, pero es la mujer a la que el protagonista amaba. Medio centenar de palabras para decir lo que el tango dice con “sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando”. ¿Cómo puede ser que alguien, ante la muerte de un ser querido, diga "la candente mañana en que Fulano murió"? Candente mañana de febrero, imperiosa agonía y todo lo que sigue...
El Oficio de Mentir, conversaciones con María Fasce, Abelardo Castillo y María Fasce, 1ra edición, Buenos Aires, EMECE, 1998.
Este diálogo lo llevo clavado como una espina desde hace ya demasiado tiempo, y las espinas es mejor sacárselas de una vez por todas:
Eneida, libro VI, versos 893-898:
Sunt geminae Somni portae; quarum altera fertur
cornea, qua veris facilis datur exitus umbris,
altera candenti perfecta nitens elephanto,
sed falsa ad caelum mittunt insomnia Manes,
his ubi tum natum Anchises unaque Sibyllam
prosequitur dictis portaque emittit eburna.
Hay dos puertas del Sueño, de las cuales una se dice de cuerno, por la cual las sombras verdaderas tienen fácil salida; candente y perfecta la otra de nítido marfil, pero por la cual envían los Manes a los cielos las imágenes falaces. Allí Anquises, hablando, acompaña al hijo y a la Sibila y los despide por la puerta ebúrnea.
Que demuestre no haber leído a Virgilio, o haberlo leído mal, ya que en la mayoría de las traducciones candenti se traduce por blanco, esplendente, resplandeciente, y que ignore la continua relación que Borges establece con él, además de la temática del cuento, no es por falta de competencia literaria, sobre todo cuando más de una vez declaró dominar el idioma latino en diferentes entrevistas, y de qué sirve el latín si no es para leer a Virgilio.






